jueves, 25 de abril de 2019

EL SIMBOLISMO EN LA VIDA Y EN LA LITERATURA

EL SIMBOLISMO

IMAGEN SIN ESPÍRITU

LITERATURA SIMBÓLICA


Hay una rara tendencia religiosa en el ser humano que sin dirigirse a Dios busca divinizar lo simbólico, con el fin de imponer una unidad nacional y global hoy día. Se tienen emblemas, escudos, ídolos, colores, banderas, y muchos otros objetos que representan: a la nación, a la religión, al ejército, la educación, y en una palabra,  a toda institución. Bien podríamos decir que esto es un fetichismo posmoderno. Objetos, imágenes, y literatura abstraídos de la realidad, pero que no la reflejan como tal, sino como un espejismo engañoso.

Gente importante ha reconocido esa confusión entre la realidad y el símbolo. Por ejemplo; Jorge Luis Borges diferenciaba entre el Borges de la vida común y el Borges escritor. Con este sencillo ejemplo podemos ver que, lo simbólico es la reducción máxima de la vida; es la aniquilación de ésta. Lo simbólico ha matado la poesía y con ello la literatura.

Es mejor vivir con objetos que tipifiquen y señalen, sin dejarnos petrificados en lo simbólico. Es así como hasta una piedra podría decirnos muchas cosas, no por su dureza ni por sus contornos poco uniformes; sino por la evocación que se produce en el pensamiento cuando la contemplamos.

La diferencia entre el simbolo y la poesia es que, la poesia toma sus elementos de la naturleza, de la vida misma; mientras el simbolo es inventado, es abstracto, y vacío de la realidad de la vida.

Estamos en la era del ícono donde, cada vez más, todo es simbólico; y cada quién interpreta a su manera. La interpretación del color rojo; por ejemplo, dependerá si este está en un vestido, en un semáforo, en una tubería o en algúna otra cosa. La mayoría de la gente es inconciente de la influencia del simbolismo en los íconos. Se han acostumbrado a ver los simbolos (fotos, imágenes y peliculas). Han dejado de mirar y vivir la vida, para ver sólo imágenes. Han dejado de escribir y leer de manera vital, para entretenerse con lo abstracto de la ficción.





martes, 2 de abril de 2019

EL FIN DE LOS IDEALES

IDEOLOGÍA DEL FIN

EL FIN DEL SIGLO

UNA NUEVA ERA SIN IDEALES

 

Hace tiempo leí en una  revista un artículo de Adolfo Sánchez Vázquez titulado: La Utopía del fin de la Utopía. Lo recuerdo ahora con los matices de muchas otras lecturas que con el paso del tiempo la han enriquecido; el recuerdo no es exacto, más bien varía mucho. Pero esto es lo que me permite escribir sobre "La Ideología del Fin".

 
La incertidumbre que se ha generado después de la modernidad, se debe al razonamiento de una nueva era, que propone el derrumbe de lo que fue la base de la modernidad:  fundamentalismos religiosos y filosóficos. 
 
Hay algo que no podemos olvidar. Así desaparecieran los comportamientos humanos tradicionales, tenemos que reconocer su presencia en el pasado. Lo que hoy se construya será sobre las ruinas de estos, que no son escombro para sacar. El procurar su fin es una ideología.
 
La utopía de la modernidad falló. No pudo hacer realidad su objetividad empírica. Quedó sin poder refutar la utopía platónica y cristiana. La dimensión de lo posible en este mundo a manos de los ilustrados, de los hombres de ciencia, descartó el papel de la acción humana (el pensar, la iniciativa propia, la intuición natural, y la creatividad). La actividad de pensar quedó en manos de unos cuantos. Por eso se habla del fin de los ideales, porque los intereses que se buscan son para unos pocos privilegiados.
 
La utopía de esta nueva era es un lugar que no está "en ningún lugar". La utopía existe en otro mundo--que no es el de platón, ni el reino de los cielos cristiano--sino es el mundo de los privilegiados. Este mundo es real para unos; pero no ideal para la gran masa globalizada. La realidad de un mundo avaro no puede agotar lo ideal de los seres humanos. Un mundo sin ideales, sin metas; es un mundo sin historia, congelado--como la era del hielo--en el tiempo de los hombres que ya no piensan, que han retrocedido a la época de las cavernas, con la diferencia, de que estos no se mueven por instinto sino por una inteligencia artificial; lo que los hace más brutos y salvajes; más deshumanizados.

Hemos llegado al fin de los ideales que, más bien, es el fin de un siglo y el comienzo de una nueva era, cuya característica es la incapacidad de controlar las condiciones a favor de todos. Cuando hay una dominación de unos sobre otros, es señal del fin de los ideales.