EL LUGAR SAGRADO
No es lo mismo viajar que ir de turista a un determinado lugar. Sin embargo, los lugares religiosos, principalmente antiguos, son de suma atracción para los turistas. Para los historiadores y antropólogos; estos sitios representan otros mundos. Son lugares que nos hacen viajar por el tiempo, y nos presentan una cosmovisión a partir de lo sagrado. Existen muchos de estos lugares sagrados en los diferentes continentes que incitan al espíritu humano a conocerles. La distancia y el tiempo son los que impiden que la mayoría de la gente no pueda tener este conocimiento. La información que encontramos de los lugares sagrados en libros, museos y otras fuentes importantes, son interesantes desde un punto de vista cultural; pero quienes han tenido la experiencia de visitar alguno de estos recintos, podrá darse cuenta que la información dada por los medios secundarios distan mucho de la realidad, a pesar de la utilidad que estos tienen.
Hay un elemento misterioso, que no se oculta pero no es fácil de ver, y que es a mi parecer es la esencia de lo sagrado. Cuando esta esencia no se encuentra o, por algún motivo se perdió, el lugar religioso deja de ser sagrado y se convierte en pagano. Y cuando esta esencia se atrae hacía algún sito; ese lugar, cualquiera que fuere, se convierte en un lugar sagrado. Es lo sublime lo que nos permite llegar a lo sagrado sin desplazarnos necesariamente en el sentido físico, como lo haríamos al viajar. Lo sagrado es otra forma de transportarse; no a un punto en especial, sino a todos los lugares. Es la palabra acompañada del instrumento musical que provoca el éxtasis hacia lo sagrado.
Lo sagrado es el espacio en sí mismo; es el lugar que no cualquiera puede transitar, porque no se puede caminar de cualquier manera. Cada paso que se da, y cada acción, son un rito que corresponde a lo sagrado de la vida.
El rito religioso es una representación muy reducida del verdadero acto sagrado. El acto sagrado no es una sombra más del rito religiosos terrenal. El acto sagrado es el que hace que cada lugar pisado por el hombre de carácter sacerdotal se convierta en un santuario. Es la Virtud la que construye el santuario con dimensiones divinas, que no pueden ser medidas ni comprendidas por la medida terrenal.
Es fascinante el lugar sagrado por la manera fantástica que se recorre. El lugar sagrado no se conoce a través de un viaje, ni de un paseo turístico, ni a través de una interpretación erudita. El lugar sagrado se conoce recorriendolo en sus dimensiones reales. Es un recorrido a través de la vida misma. Cada vivencia debe ser dirigida al atrio de lo sagrado. Siempre hay una puerta que nos permite entrar y seguir avanzando hacia otras salas, en donde encontramos los objetos que nos dan luz y la fuerza espiritual necesaria para seguir avanzando.
Conocer el lugar de lo sagrado, nos invita a no dejarlo y tomarlo; dejando atrás las sombras de los recintos limitados, y reducidos a prácticas que ocultan el conocimiento. Lo sagrado no oculta. Lo sagrado revela. Y es la revelación de lo sagrado la que nos hace permanecer en el lugar; donde el tiempo ya no es más, y las distancias todas son alcanzables, y, por lo tanto, se tiene una visión clara de todos los lugares.
Caminaba por la vida, sólo observando el paisaje de cada uno de los lugares; pero un día me ocurrió, que me dí cuenta que lo sublime estaba presente; y entonces comprendí que estaba en un lugar sagrado y yo no lo sabía. Inmediatamente hice el ritual de fe que testifica que el espacio de lo sagrado abarca el cielo y la tierra. Desde entonces, cada acto en mi vida, siento que es un ritual. Y siento que la vida misma la vivo en el lugar de lo sagrado.