miércoles, 19 de agosto de 2020

EL LUGAR SAGRADO

 EL LUGAR SAGRADO

No es lo mismo viajar que ir de turista a un determinado lugar. Sin embargo, los lugares religiosos, principalmente antiguos, son de suma atracción para los turistas. Para los historiadores y antropólogos; estos sitios representan otros mundos. Son lugares que nos hacen viajar por el tiempo, y nos presentan una cosmovisión a partir de lo sagrado. Existen muchos de estos lugares sagrados  en los diferentes continentes que incitan al espíritu humano a conocerles. La distancia y el tiempo son los que impiden que la mayoría de la gente no pueda tener este conocimiento. La información que encontramos de los lugares sagrados en libros, museos y otras fuentes importantes, son interesantes desde un punto de vista cultural; pero quienes han tenido la experiencia de visitar alguno de estos recintos, podrá darse cuenta que la información dada por los medios secundarios distan mucho de la realidad, a pesar de la utilidad que estos tienen.

Hay un elemento misterioso, que no se oculta pero no es fácil de ver, y que es a mi parecer es la esencia de lo sagrado. Cuando esta esencia no se encuentra o, por algún motivo se perdió, el lugar religioso deja de ser sagrado y se convierte en pagano. Y cuando esta esencia se atrae hacía algún sito; ese lugar, cualquiera que fuere, se convierte en un lugar sagrado. Es lo sublime lo que nos permite llegar a lo sagrado sin desplazarnos necesariamente en el sentido físico, como lo haríamos al viajar. Lo sagrado es otra forma de transportarse; no a un punto en especial, sino a todos los lugares. Es la palabra acompañada del instrumento musical que provoca el éxtasis hacia lo sagrado.

Lo sagrado es el espacio en sí mismo; es el lugar que no cualquiera puede transitar, porque no se puede caminar de cualquier manera. Cada paso que se da, y cada acción, son un rito que corresponde a lo sagrado de la vida. 

El rito religioso es una representación muy reducida del verdadero acto sagrado. El acto sagrado no es una sombra más del rito religiosos terrenal. El acto sagrado es el  que hace que cada lugar pisado por el hombre de carácter sacerdotal se convierta en un santuario. Es la Virtud la que construye el santuario con dimensiones divinas, que no pueden ser medidas ni comprendidas por la medida terrenal. 

Es fascinante el lugar sagrado por la manera fantástica que se recorre. El lugar sagrado no se conoce a través de un viaje, ni de un paseo turístico, ni a través de una interpretación erudita. El lugar sagrado se conoce recorriendolo en sus dimensiones reales. Es un recorrido a través de la vida misma. Cada vivencia debe ser dirigida al atrio de lo sagrado. Siempre hay una puerta que nos permite entrar y seguir avanzando hacia otras salas, en donde encontramos los objetos que nos dan luz y la fuerza espiritual necesaria para seguir avanzando. 

Conocer el lugar de lo sagrado, nos invita a no dejarlo y tomarlo; dejando atrás las sombras de los recintos limitados, y reducidos a prácticas que ocultan el conocimiento. Lo sagrado no oculta. Lo sagrado revela. Y es la revelación de lo sagrado la que nos hace permanecer en el lugar; donde el tiempo ya no es más, y las distancias todas son alcanzables, y, por lo tanto, se tiene una visión clara de todos los lugares.

Caminaba por la vida, sólo observando el paisaje de cada uno de los lugares; pero un día me ocurrió, que me dí cuenta que lo sublime estaba presente; y entonces comprendí que estaba en un lugar sagrado y yo no lo sabía. Inmediatamente hice el ritual de fe que testifica que el espacio de lo sagrado abarca el cielo y la tierra. Desde entonces, cada acto en mi vida, siento que es un ritual. Y siento que la vida misma la vivo en el lugar de lo sagrado. 


jueves, 13 de agosto de 2020

lA SELVA DE ASFALTO

 LA SELVA DE ASFALTO

La característica de la selva es la ausencia de la vida; todas las especies son salvajes. Aún las que parecen ser las más débiles sirven para alimentar el salvajismo. Todo es cíclico en la selva, y se repite siempre el mismo patrón: el grande o fuerte se come al chico o débil. La vida salvaje proviene de un ciclo de vida y muerte, donde todo va en función de la muerte y no de la vida. Se mata para sobrevivir. ¡Qué lejos está la virtud cristiana para poderse vivir en la selva, morir para dar vida! la selva es un existencialismo comunitario en que todos saben su sentido de sobrevivencia. Hay que ir por la presa para asegurar el sustento. Es interesante que un sistema selvático pueda existir con la violencia como común denominador, sin que ésta se extinga; al contrario, entre más peligros haya en la selva, más tiene la forma que la diferencia del paraíso. Y esto es lo que ahora me mueve a pensar; que la posmodernidad confirma que el progreso logrado hasta este siglo, no ha podido construir para todos un paraíso-aunque para ciertos grupos sí- sino al contrario, se vive una lucha encarnizada entre la misma especie humana, mientras las demás especies inferiores son exterminadas. La violencia de las calles es más caótica que la de las selvas; pues las muertes no sirven sólo para el sustento sino para el exterminio. La selva de asfalto es más peligrosa porque tiende a autodestruirse. Fue en un paraíso donde a los primeros hombres se les dieron túnicas para cubrir su vergüenza, y fue un acto vivificador, que dio muestra de que, en donde hay muerte en el sentido de dar vida, allí es un lugar edénico. La ciudad nunca ha sido un paraíso, ha dejado de ser una selva, y se ha convertido en un infierno, donde no son los animales los que se comen unos a otros, sino los hombres se esclavizan unos a otros. No sólo es comer sino torturar lo que alimenta a los seres que viven en las grandes ciudades. La cadena alimenticia no existe, hay únicamente una jerarquización deshumanizante. Es necesario encontrar el camino que nos lleve de regreso al paraíso donde nada daña ni hace mal o; al menos, donde se encuentra el sacrificio del redentor que nos de vida. No ha sido suficiente la historia de los actos heroicos. Se ha derramado sangre para después honrar a los muertos con honores canibalescos que alimentan al sistema de la selva asfáltica. La tierra ha dejado de beber la sangre de los sacrificios de los animales, mientras por el asfalto corre la sangre de los actos más idolátricos. Si salir de una selva natural es difícil, más lo es salir de la selva de asfalto. Solamente un milagro puede redimirnos de semejante tragedia. Necesitamos del perdón para poder destruir el asfalto de la iniquidad y poder volver a ver una tierra bendecida por las lluvias y por el sol. No se puede vivir en la ciudad; en ella sólo se puede morir. Hay que hallarle sentido a la muerte, no como si allí se extinguiera todo, sino como que en la muerte de Cristo está escondida nuestra vida. Las calles de oro; en el sentido espiritual no son metal, sino el espacio de una tierra donde hay justicia; donde la sangre que se ha de beber es la de los malos. Hay mucho todavía que decir. Estamos en esta selva de asfalto experimentando a cada día la muerte, pero con la esperanza de un día salir victoriosos de esta selva encementada.