jueves, 11 de junio de 2020

LA VITALIDAD DE PENSAR DE HANNAH ARENDT

LA VITALIDAD DE PENSAR DE 

HANNAH ARENDT

Uno llega a conocer a los grandes pensadores por las obras escritas por ellos. Desde luego, hay quienes los llegaron a conocer personalmente, y  hasta tuvieron amistad con estas singulares personalidades. Pero muchos debemos conformarnos con lo que podemos conocer de ellos a través de sus escritos, y de lo que otros han interpretado de éstos. 

Este es mi caso con Hannah Arendt: para mi, fue una pensadora que hacía pensar a otros. Es una escritora que me hace pensar, sin necesariamente ajustarme a sus juicios.  Se definía ella misma más como política que como filosofa; ya que entendía la política como un modo de actuar de las personas que verdaderamente piensan. Para ella el filosofo no era un verdadero pensador. Es decir; hay filósofos que se ajustan al sistema, y dejan cómodamente de pensar. 

Se puede ser matemático, el más brillante filósofo, el más hábil tecnócrata y el más carismático hombre religioso, y no pensar. El pensar no tiene nada que ver con la cultura o el grado académico, ni con el nivel social. El pensar tiene que ver con el discernir entre el bien y el mal, para después actuar responsablemente. 

Hannnah Arendt tuvo una capacidad de discernimiento que muchos supongo no entendieron, al menos en su momento. Lo que opino, es que ella fue una pensadora abismada por su discernimiento. 

Es cierto que desde los griegos entendemos que el pensar es la capacidad que todo individuo tiene de dialogar consigo mismo. Este fue el problema de tan notable escritora; se envolvió en un monólogo. Supo que había un sentido del pensamiento que lleva a los hombres a actuar con justicia; y que cuando se anula ésta capacidad, cualquier persona es capaz de cometer las más terribles atrocidades. El peligro eminente es dejar de pensar, porque entonces los actos de los hombres, no son sino pensamientos artificiales carentes de humanidad. Cuando un hombre o una sociedad deja de pensar, la vida se convierte en una manipulación masiva. Ella percibió los grandes males causados por actos de inconsciencia, de los que ella fue victima en diversas formas. Lo que le faltó es reconocer que el pensamiento comienza con el reconocimiento del otro; así diríamos en términos del pensamiento de levinas: Si no hay dialogo no hay pensamiento. 

Hannah Arendt pensaba con vitalidad interna y dejó muchas luces que siguen alumbrando a los hombres libres; a aquellos que actúan pensando en el bien, para no actuar con maldad. Externamente me quedo con una imagen de una mujer desgastada por querer explicar la banalidad del mal; e internamente veo la vitalidad que hizo pensar a esta notable mujer. Vitalidad que nos puede hacer libres y responsables.

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