viernes, 31 de enero de 2020

LA ANALFABETA


LA ANALFABETA


Recuerdo aquella mujer anciana con la que compartíamos nuestras experiencias de la vida. Lo que yo decía teóricamente, esta mujer lo expresaba a través de ejemplos de la vida. Ella no sabía leer ni escribir, pero sabía pasajes memorizados de aquel libro tan apreciado por su madre adoptiva. Siempre me pregunté ¿Por qué la mamá sabe leer y la hija no? ¿Por qué dos ancianas, madre e hija son tan diferentes? La madre de 107 años y la hija de 83 guardaban una filiación excepcional, como si hubieran sido madre e hija de sangre. La única diferencia que yo vi fue que la hija no sabía leer: era la analfabeta.

En una ocasión nos asombró la analfabeta al corregir a su madre; cuando ella intentaba decir un salmo de memoria, le señaló la parte de la escritura que le había faltado: a pesar de que ella no sabía leer, tenía una memoria mejor que la de muchos que sí saben. Ella me dijo: Yo no sé leer, pero ella no lo dijo bien. Lo que me sorprendió es que para la analfabeta, no era un problema y, mucho menos una vergüenza no saber leer. Al contrario, cuando hice la observación de la necesidad de aprender a leer; ella respondió: leer, Dios me libre. Esta mujer era analfabeta no por la falta de oportunidad de aprender a leer o de ir a la escuela; ella decidió ser analfabeta. No se avergonzaba de no saber leer; se sentía orgullosa de no ser victima del invento de la escritura.

No quise preguntarle más a esta mujer. Me dejó pensando de manera muy profunda: su convicción de analfabeta me impresionó tanto que, sin palabras o, más bien, con una sola frase, me hizo pensar que con todo y tener escuela, saber leer y escribir, uno puede ser un ignorante; mientras que la analfabeta es una que no sabe leer, pero sabe de los peligros de un sistema de educación elemental, que lo que produce es la ruptura con el saber tradicional, y aísla a las personas de su núcleo familiar.

Bien dice la biblia: si alguno se cree sabio en este siglo, hágase ignorante. Al apóstol lo criticaron diciéndole: las muchas letras te enloquecen; cuando en realidad, él estaba persuadiéndolos sin el uso de las letras humanas. El poder de Dios lleva al analfabetismo para romper con lo sistemático; para avergonzar a aquellos que se creen sabios. 

Pues Dios escogió a la analfabeta para avergonzar a los ilustrados.

sábado, 25 de enero de 2020

LA PEDAGOGÍA DE HERODES


LA PEDAGOGÍA DE HERODES


Como pedagogo tengo sueños como todos los hombres que viven despiertos. Mi visión es la de una escuela del saber en la que se incluya  a todos no por grados ni por edades, porque la escuela que contemplo,  sólo tiene un espacio donde aprenden y conviven todos; no en masa, sino como hombres, mujeres, jóvenes y niños: unidos con el fin de ser instruidos para vivir amándose unos a otros. Pero en el mismo sueño he sido advertido que hay un Herodes que intenta frustrar mi sueño. Hay un sistema que se interesa por educar, pero cuya intención, a semejanza del rey Herodes, lo que quiere es matar. Como si soñar estas cosas pareciera poner en peligro los intereses de los reinos de este mundo. 

Hablando de educación, esta parece ser una obra noble de quienes la planean. Como pedagogo me he dado cuenta de que no es así del todo. Existen intereses de unos cuantos que impiden la realización de una educación verdaderamente humana, que dé forma, y no que deforme lo humano y lo reduzca a una masa que tiene materia y peso, pero que ha sido despojada de su humanidad.

La pedagogía de Herodes es la que se practica sin saber los fines de la educación. El relato bíblico nos narra que Herodes no supo el momento en que el rey de los judíos había nacido; por tanto llamó a los sabios que deberían saber el dato preciso; pero estos también quedaron sorprendidos de no poder responder de manera exacta. Fueron los sabios de oriente que estaban siendo guiados por la estrella, a los que Herodes les pidió que indagaran el lugar donde había nacido el niño rey y se lo indicaran, para después, él ir a adorarle. Cuando se vio burlado por los magos, se manifestó la verdadera intención perversa de Herodes.

Se hace una institución, se elabora un currículo, se hacen proyectos y programas; se llevan siglos educando, pero detrás de todos estos esfuerzos magnos, en donde han quedado el trabajo ejemplar de algunos, se ve la matanza de muchos sueños de quienes pensaron con el corazón una educación digna de la humanidad.

A pesar de que por la orden de Herodes hubo la matanza de muchos, sin embargo, el niño rey nació. El sacrificio de quienes han dado la vida por una causa buena no ha sido en vano. 

Es posible pensar en una tarea pedagógica que esté orientada en la sabiduría de los magos o de los campesinos, que con señales del cielo entendieron que es posible que el mundo se alumbre. 

Invitaría a todos los que de verdad estén interesados en el trabajo pedagógico, a que abandonen "la pedagogía de Herodes" que sólo busca un saber para matar; que sólo se esfuerza para proteger sus intereses avaros y egoístas. Que no nos de miedo que de cada educando surja un rey; un hombre de bien; una mujer idónea; un joven ejemplar; un niño que traiga luz a este mundo. La educación nunca debe ser un medio para quitar la vida sino para protegerla; y creo sinceramente, que quién es pedagogo será capaz de huir a la provincia que le indique su sueño, con tal de cuidar, criar y educar a alguno.

Cuando se instruye a un niño y este llega a hacerse hombre, resulta que el Herodes ya murió. Muchas de las propuestas educativas que están ahora en boga habrán muerto cuando nuestros niños se hayan convertido en hombres.

EL PECADO DE DIOS O LA CRÍTICA A DIOS


EL PECADO DE DIOS

¿QUIÉN CRITICA A DIOS?

La crítica es la manifestación de una forma de pensar aislada y solitaria, que no reconoce, ni siente la necesidad de el dialogo con el otro. Inconscientemente por un mal espiritual el crítico ve el mal en todos; es capaz de mirar la paja en el prójimo, sin darse cuenta adrede, de su propia condición.  Quiere lapidar a alguien a través de su crítica, sin reconocer que él no está libre de haber cometido errores que merecen la misma condenación. 

La crítica sin dialogo sólo puede llevar  la intención de culpar a otros para buscar la falsa justicia propia. 

El crítico puede ganarse el reconocimiento de los hombres a costa de haber denunciado los errores de los otros, y quedar él como héroe; pero reprobado ante la justicia de Dios. 

La crítica sin dialogo es soberbia que termina culpando si fuere necesario a  Dios mismo, con tal de callar el remordimiento. El que critica carnalmente enferma por el fuego de la verdad que le redarguye en su conciencia.

Alguien dijo que el evangelio sería más interesante si pensáramos que Dios se hizo carne para pagar por su propia equivocación, y no por los pecados de los hombres. El hombre viviría sin culpa, y en vez de la fe en un favor inmerecido,  viviría criticando a Dios. Pero, si esto fuera así, el hombre llegaría  a la locura y  gritaría nuevamente "crucificale". Sería muy aliciente para el orgullo humano oír las palabras de Jesús, que en vez de decir: Padre perdónalos; diría entonces a los hombres: perdónenme porque no supe lo que hice.

El hombre egoísta; el que vive y piensa sólo para sí, es el que crítica con la intención de matar sin dar una solución verdadera. El egoísta es el que reprueba a Dios y le quiere enseñar cómo se hacen las cosas, sin haber querido nunca dialogar con él.

El pecado de Dios es la versión del diablo en la boca del hombre egoísta, que no habla con Dios ni con nadie. Bien dijo el Señor Jesús: cuando habla el diablo no dialoga, sólo habla para buscar sus propios fines. No habla verdad; habla mentira; habla de lo suyo.

sábado, 18 de enero de 2020

LA VOLUNTAD DE VIVIR


LA VOLUNTAD DE VIVIR

La vida no se puede reducir a conceptos éticos, ya que la conceptualización es una representación donde el movimiento es artificial; no hay vida sin realmente haber un movimiento del espíritu. Los conceptos estancan el pensamiento y lo petrifican para que todos lo admiren como una actividad intelectual petrificada sin vida. 

El hombre ha muerto o está moribundo; se olvidó de vivir o, simplemente no quiere vivir. 

El mucho estudio es fatiga de la carne; se puede pasar mucho tiempo tratando de indagar todas las cosas y sus vanidades; pero al final, lo único que importa es vivir.

 No es suficiente venir al mundo, pues se trae el pecado original; se nace muerto. El estar desligado de la vida genera el éxtasis que nos impulsa a querer vivir. Cuando encontramos el sentido de la vida, tampoco esto es un concepto. No se puede perder el tiempo tratando de definir lo que en palabras es imposible expresar. Nadie quiere describir lo que es la vida, sino experimentarla. 

Hacer un libro es un fin intelectual, y vivir es pensar lo que se hace viviendo. Sin vida no hay forma de pensar. Quien busca la admiración ha perdido el interés por la vida, y quien busca  vivir, vivirá asombrado de la vida por siempre. Lo importante es la voluntad de vivir; ese deseo del alma que no se resigna a quedar paralizado en la comodidad de un  mundo sin vitalidad que ha quedado sepultado.

jueves, 9 de enero de 2020

DIOS NO JUEGA A LOS DADOS


DIOS NO JUEGA A LOS DADOS


Albert Einstein dejó la famosa frase de "Dios no juega a los dados"; y de ella he escuchado comentarios o interpretaciones, que más que nada han sido apropiaciones de la frase con fines que  nada tienen que ver con lo que realmente dijo Einstein. Creo que no se trata de indagar sobre las intenciones con las cuales alguien- como este genio- expresó tal o cual frase; pienso que en la lectura y relectura de un libro o de un simple pensamiento o frase, es el lector el que razona y toma una idea para expresar nuevas cosas, a pesar de no coincidir con lo que se escribió originalmente. Si lo que escribo ahora tiene o no relación con lo que estrictamente expresó Einstein, no tengo por qué disculparme; porque lo que me interesa es lo que esta frase me provoca. 

Si este mundo no es obra de un creador; entonces, todo es un azar indescifrable por la complejidad de las variables; pero si fuera obra de un Dios, la cuestión es todavía es más compleja e inalcanzable por la mente humana. Quién juega a los dados es la historia, que sin lo divino, lo que sacia es la necesidad de la humanidad de tener un determinismo histórico. El hombre que juega a los dados ha quedado suspendido entre un pasado en el que desconoce por qué se han cometido tantos errores, y un futuro del cual desconoce el porvenir real. Sólo el pasado tiene lógica o, parece tener lógica; pero cuando críticamente nos preguntamos el por qué han sucedido ciertas cosas, se pierde la lógica al entender que hay acontecimientos que se han ocultado. La realidad es tan potente y difícil de aceptar no por falta de inteligencia, sino por falta de intereses humanitarios; que es más facilitador jugar a los dados que seguir pensando la realidad.

Cuando se ha dejado de pensar críticamente a lo único que se puede llegar es a jugar; a esperar pasivamente a alguien que nos resuelva el futuro o que nos lo fabrique. Cuando se juega a los dados no es el individuo quién construye su destino, sino un minoritario grupo que es el que ha inventado el juego del azar, que no tiene nada de complejo, sino es un simple calculo que se puede predecir su resultado; es decir, se puede manipular.

Pero en realidad no estamos jugando a los dados; el futuro es verdaderamente incierto porque la complejidad del universo, y la complejidad de la naturaleza humana no pueden determinarse al antojo. Están en juego muchos factores que en su mayoría ignoramos, pero que de alguna manera hemos percibido que están allí. El azar no puede ser una simple relación de probabilidades; la suerte providencialmente no usa los dados sino la mente.