LA VOLUNTAD DE VIVIR
La vida no se puede reducir a conceptos éticos, ya que la conceptualización es una representación donde el movimiento es artificial; no hay vida sin realmente haber un movimiento del espíritu. Los conceptos estancan el pensamiento y lo petrifican para que todos lo admiren como una actividad intelectual petrificada sin vida.
El hombre ha muerto o está moribundo; se olvidó de vivir o, simplemente no quiere vivir.
El mucho estudio es fatiga de la carne; se puede pasar mucho tiempo tratando de indagar todas las cosas y sus vanidades; pero al final, lo único que importa es vivir.
No es suficiente venir al mundo, pues se trae el pecado original; se nace muerto. El estar desligado de la vida genera el éxtasis que nos impulsa a querer vivir. Cuando encontramos el sentido de la vida, tampoco esto es un concepto. No se puede perder el tiempo tratando de definir lo que en palabras es imposible expresar. Nadie quiere describir lo que es la vida, sino experimentarla.
Hacer un libro es un fin intelectual, y vivir es pensar lo que se hace viviendo. Sin vida no hay forma de pensar. Quien busca la admiración ha perdido el interés por la vida, y quien busca vivir, vivirá asombrado de la vida por siempre. Lo importante es la voluntad de vivir; ese deseo del alma que no se resigna a quedar paralizado en la comodidad de un mundo sin vitalidad que ha quedado sepultado.
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