LA CASA DEL LABERINTO
Hay espacios que arquitectonicamente son transformados en laberintos; son pasillos internos donde los cuerpos transitan y se trasladan de un sitio a otro, y la distancia que recorren nunca es en línea recta.
Existe un espacio dentro de un laberinto. Es la casa del laberinto; es la casa que está dentro del laberinto. Se cambia la figura edénica de Adán y Eva viviendo dentro de un huerto; y se construye una casa escondida dentro del laberinto.
Llegar hasta la casa del laberinto es una regresión que prepara a través del aislamiento, los encuentros de los ilustrados, o bien, donde los escritores se conectan con las musas que los inspiran en sus creaciones literarias. Espacio escondido para unos, perdido para otros. Es un privilegio para los que conocen la casa del laberinto y pueden visitarla. La casa del laberinto guarda en sus paredes el eco de lo que se piensa en ese lugar, de lo que se habla en voz baja, y de lo que se expresa en alta voz.
Un ángel impide junto con una espada encendida el acceso al árbol de la vida; y un laberinto desorienta para hacernos llegar a la casa escondida en el fondo de este.
Entrar por el laberinto y llegar a la casa es más fácil que salir de ella. Por el encantamiento que se produce, la gente se apasiona en base a la soledad, la nostalgia, y la tristeza; lo que hace que la mayoría no quiera salir de la casa del laberinto.
Yo no sé como entré, cómo conocí, y cómo salí de la casa del laberinto; pero lo cierto es que salí para notificar que existe una casa al final del laberinto.
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