Vivir en el Tiempo
No existe una máquina del tiempo; no hay manera de detener el tiempo, ni de dar marcha atrás al tiempo. Estamos viviendo en el tiempo, pero a la vez, existe una gran necesidad de fugarse de él.
La moda o cambio generado por la modernidad, genera alteraciones que no son por el tiempo, sino por las ideologías de esta modernidad. Hay lugares que han quedado casi intactos al paso del tiempo, y otros que han cambiado demasiado en un corto lapso de tiempo.
Este modo tan acelerado de vida, provoca la sensación de que el tiempo no es el mismo, de que el tiempo ya no alcanza para nada; aunque la realidad sea, que los días siguen siendo de veinticuatro horas.
Es lo eterno lo que nos hace trascender más allá de lo temporal; lo eterno es el reflejo que transforma el tiempo. Sin duda que a cada día envejecemos porque somos pasajeros. Hoy somos, mañana no. Vivimos en lo temporal impactados por lo atemporal. Esto es lo que me ha dado la experiencia de sentir que todo cambia y envejece, menos mi interior. Y es que el Verbo eterno vino a vivir en el tiempo, con el fin de que se añore, se suspire por lo que está más allá de lo efímero que es el tiempo. Hoy, además de una casa abierta al tiempo, he encontrado una puerta que va más allá del tiempo. Soy temporal y lo seguiré siendo por la eternidad.
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