LA EXTENSIÓN DE LA MEMORIA
Jorge luis Borges pensaba en los libros como instrumentos de la memoria y la imaginación. Los libros son como extensiones del alma que superan, por mucho, al periódico, al radio, a la televisión, al microscopio y al telescopio, al teléfono; y diríamos hoy: los libros superan a los aparatos digitales que potencializan los sentidos, al grado de poner en peligro la tradición. Estamos en la época de la desmemorización. No se están quemando las bibliotecas pero lo humano se está convirtiendo en polvo. Pueden desaparecer los libros pero no la inspiración. Es el soplo de lo divino lo que volverá a la vida a aquellos volúmenes que han ido a para en la hoguera. Es la memoria la que pone de pie lo que antes estuvo en cenizas. Lo sagrado del libro está en su mensaje que no se marchita al pasar el tiempo. La memoria es una cualidad que trasciende el tiempo, que funde el pasado con lo presente. Porque no hay nada nuevo debajo del sol. La memoria no es únicamente asunto del pasado, sino del presente y del futuro. Cuando se habla de lo porvenir se hace memoria de lo pasado. No se debe adivinar el futuro. Se advierte el futuro a través de la memoria. Los tiempos inmemoriales no existen. Sólo existe todo aquello de lo cual se tiene el recuerdo. Un reencuentro con el libro es trascender el tiempo a través de la memoria; tan necesario en un momento en que se pierde el espacio y las capacidades humanas. Es importante hacer memoria de lo sagrado. Este poder de la memoria no lo dan los libros en si, ni las musas; sino el autor divino. Cuando vivimos no hacemos otra cosa que hacer memoria de lo que Dios ha hecho. La adoración es un acto producido por la memoria. El olvido sería la degradación de la idolatría, la deshumanización, y la pérdida de lo divino.
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