LA DESAPARICIÓN DE LOS RITUALES
Ocurre hoy en día que han desparecido las estructuras institucionales, pero no del todo. Aun se habla de manera institucional. Se tienen los edificios de éstas instituciones, sus lemas y sus políticas; pero en el fondo ya nada existe en ellas. Les ha ocurrido como en esas películas de ficción, donde seres (monstruos) devoran internamente una persona para después mostrarse al exterior. Algo ha pasado internamente en lo institucional que ha sido devorado por las redes, desplazándolo, y mostrándose al exterior con una fisonomía global, difícil de definir, y que hoy algunos describen como monstruoso, porque en realidad no tiene rostro. La gente percibe que la nueva institución global todo lo mira, sin tener ella la capacidad de conocer la mirada del que lo vigila. Si la masa se desintegra para formar un serie de individuos conectados, pero a la vez, verdaderamente incomunicados entre sí; entonces todo tiende a la desaparición de los rituales. Todo lo colectivo pasa a ser individual. La relaciones humanas se han convertido en el juego de la información. Se ha perdido la realidad o, como dicen algunos, han asesinado la realidad, para morir en la ficción. Pero los rituales no lo hacen cualquier persona. Es el sumo sacerdote el indicado para realizar el ritual. Tal vez muchos lamenten que en vez de sacerdotes, sean economistas y políticos los que guían a las naciones, rompiendo con el orden que establecen los rituales. Los trastornos de la naturaleza son los indicadores de la falta del ritual comunitario. Todo lo que se hace es en nombre del progreso, y nada se nombra a favor de lo comunitario. Si la religión no desaparece en su totalidad, es porque lo único que queda de ella es el cascarón. Hay una religión sin nombre o denominación; con una deformación que contiene todas las formas mezcladas. También los rituales religiosos llegan a ser ficción. No se pueden hacer rituales en nombre de baal, cuando se pretende adorar al Dios verdadero. La naturaleza tiene también sus propios rituales; y aún cuando el hombre los ha alterado, la naturaleza tiende en un momento dado a restablecer su propio orden natural. Así que, lo que se avecina es un violento volver al orden establecido por el ritual, y que la misma naturaleza con sus gemidos, nos anuncia que ha de venir. En el caso del cristianismo, el ritual lo hace Dios mismo-Cristo lo hizo en la cruz- y por ser perfecto, no necesita de hacer otro. Podrán desparecer las sombras, pero la realidad es lo que se ha de establecer definitivamente para siempre. Han desparecido las sombras: los rituales humanos han desaparecido, y hoy sólo queda un ritual ficticio. Sólo ha quedado el cascarón. Si han desparecido los rituales es porque las sombras pasan, y está pronto por aparecer el orden; lo dado por el ritual real, que no se volverá a repetir, pero si se han de ver sus efectos.
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