EL PUEBLO DEL LIBRO Y LA CIUDAD DE LA BIBLIOTECA
Escuché decir a un filósofo en una conferencia por Internet--Su exposición fue acerca de el libro de Génesis-- que, "occidente había sido marcado por el libro". Esto da para interpretarse de varias maneras. Yo me remito a dos cosas que parecen coexistir y, a la vez, cada una existe para su propio propósito: el libro (sagrado) y la biblioteca (libros profanos).
El judaísmo tiene una tradición que se basa en la revelación de Dios por la palabra. Ese Dios elige y redime a su pueblo, y lo establece. El libro es la alianza de Dios. El propósito es que la gente conozca y sea conocida por ese Dios a través de la escritura. Toda la vida personal y del pueblo en comunidad gira alrededor del libro inspirado por Dios. Es el libro el que reúne a la familia y al pueblo. La gente se reúne para escuchar la ley que emana del libro; no hay necesidad de que individualmente tengan un ejemplar del libro, esto era un gran privilegio en el pasado, pero hoy pudiera ser un gran mal. Con justa razón a los judíos se les nombra como el pueblo del libro. Y si somos humildes debemos reconocer que la cultura occidental ha sido influenciada por el Cristianismo.
La biblia no es una biblioteca como dice la teología sistemática; es cierto que contiene sesenta y seis libros con diferentes características de hombres que escribieron. Pero la experiencia y el testimonio nos dice que la inspiración no tiene diferentes fuentes, sino una, Dios es el autor del libro. Es la inspiración de Dios la que le da a esta escritura la unidad más profunda, para considerarla como un libro de un autor; y no como un autor que escribe muchos libros. El libro está completo, no se le puede quitar ni añadir.
La biblia es el libro y los creyentes el pueblo del libro. Occidentales u orientales hemos sido influenciados por el libro; es decir, por la tradición judío-cristiana. Pero occidente como civilización, y no ya más como comunidad, ha impactado con la biblioteca, con una serie de libros--que incluye la biblia--que tiende al infinito. Se reproducen libros como diríamos en términos Borgianos: "libros de arena", que no se retienen como la biblia, y se quedan momificados en la biblioteca, hasta que en algún momento alguien los retoma, ya sea para conocerlos o bien, para releerlos; y así es como en referencia a ellos, se escriben otros. La imprenta fue un gran invento chino, que occidente le vino a dar un uso utilitario. El reproducir libros a montón, inclusive biblias, no es el propósito de la tradición, sino de la civilización cuyo ziguarat es la biblioteca. Me pregunto si hay algún proyecto que pueda unificar el lenguaje y el sentido de todo lo que se escribe. Realmente en la biblioteca encontramos un lenguaje científico, filosófico, literario y matemático sin un puente de pensamiento que los una. Es una inmensa cantidad de letras y de signos que conforman la torre de babel de occidente. Como occidentales no se necesita leer todos los libros--no se puede-- sí acaso, podemos leer algunos o muchos.
Estamos marcados por el libro y la biblioteca. Me parece que no podemos evadir ninguna de las dos; la diferencia es cuál llevemos como marca interna y cuál como marca externa.
El libro es uno. El idioma del libro es uno: el hebreo. Pero el idioma se pluraliza para llegar a cada pueblo en su propia lengua. El libro une; su mensaje está en función de la tierra y no de la geografía política. Sin tierra no tendría sentido. Por lo tanto hay que seguir sembrando la tierra, para seguir siendo el pueblo del libro.
Somos libro. Octavio paz en uno de sus poemas escribe algo así como: "veo al cielo y siento que alguien me deletrea". Somos en esencia palabra, palabra viva ¿qué de extraño es que hablemos y escribamos? el habla no es producto de la evolución ni la escritura un invento; más bien es una manifestación de lo divino.
El libro solo cobra sentido cuando se hace carne en el lector. Estoy en un mundo de libros y me gusta leer, pero no pertenezco a él. Yo soy del libro y de la escritura que se desprende del oír y leer el libro. He sido marcado por el libro y la biblioteca. La última me ha dejado marcas externas muy significativas; el primero, me ha dejado la más grande huella en el alma.
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