UNA CRÍTICA A LA RAZÓN
Yo no hago filosofía; pero pienso. Puedo opinar acerca de ella. No me considero un conocedor (erudito) de los saberes filosóficos; pero eso no me preocupa, ya que, de lo que estoy seguro es que ni aún los filósofos llegan a un consenso en sus conceptos. Hasta el día de hoy se dan distintas interpretaciones de las diferentes propuestas filosóficas, de manera que, me da la impresión, que se ha caído en la manipulación de ellas; cada uno quiere cuadrarlas al esquema que más le conviene.
Los filósofos para mi son gente respetable que en su mayoría se ha esforzado en éste trabajo tan arduo como lo es, el quehacer filosófico. En general son intelectuales que se diferencian en su forma de pensar. Pueden generar muchos modelos, pero no pueden hablar de muchas cosas; la esencia o lo esencial del pensamiento es una totalidad que lleva siempre a hablar siempre de los mismo con diferentes matices. Cuando se habla de muchas cosas sin esencia; de una diversidad desgajada por todas partes, se puede seguir filosofando, pero ya no se está pensando.
Todos pensamos; pero diría el filósofo: yo pienso con una intuición diferente a la intuición con la que piensan todos los demás. La intuición del filósofo es especial; va más allá de la intuición natural. Aquí veo un primer peligro o, si se quiere decir de otra manera, el origen mismo de la filosofía es un peligro. Este amor o deseo por saber debe ser cuestionado ¿saber qué y para qué? Hay cosas que sabemos y conocemos; hay cosas que conocemos pero no sabemos; y hay cosas que no conocemos y no sabemos.
Hay un saber natural; aquello que conocemos al contemplarlo. Parecería un saber de poco valor; pero creo que no es así. Su valor radica precisamente en que está a la altura de cualquier otra persona; lo que contempla uno, los demás lo pueden conocer sin la necesidad de explicaciones complejas; sin teorías. La verdadera teoría es la contemplación. Las personas pueden pensar, dialogar sobre algo que les es común a todos; nadie lo ignora porque la contemplación está al alcance de los hombres en general. Lo que se transmite no es una revelación pura, ni se enseña algo que era desconocido, sino lo que ha sido dado a todos. Se piensa, se habla y se transmite siempre lo mismo; el "todo" es enriquecido por el pensamiento nuevo que se genera en cada uno, y en la palabra que tiene el potencial de evocar lo que para todos es ya conocido.
Pero la actitud de otros no se conforma con lo que es común, y se salen de lo contemplativo para aventurarse en su pensamiento (razón) y proponer otras formas de explicar las cosas. Y es aquí donde veo que el trabajo del filósofo se torna peligroso. Ya no acepta lo dado (revelado en comunidad) sino lo cuestiona; reprueba la fe y califica a éstas personas que han quedado en este nivel de contemplación como fanáticas o gente que no piensa. El no ser libre pensador no quiere decir que no hay pensamiento; lo hay, pero se piensa sin el erotismo de querer saber más.
El filosofar puede convertirse en una forma solitaria e individualista que aísla ala persona de los objetos reales, y que a su vez, ha renunciado a contemplar. Esto es lo abismal cuando el pensar es un fin en sí mismo; cuando el ejercicio es pensar sobre pensar sin actuar. tal vez por esto Hannah Arendt prefería catalogarse como política, más que como filósofa. Lo recomendable es que se filosofe sin separarse de lo contemplativo o, al menos, después de filosofar, volver a poner los pies sobre la tierra, y verter en un lenguaje más natural y universal--por ejemplo con poesía--todo aquello que el filósofo ve de manera abstracta.
Dice la ley judía: Las cosas secretas pertenecen a Dios, más las reveladas son para nosotros. Esto quiere decir que hay cosas que ni siquiera sabemos que existen, y que por lo tanto ignoramos. Esto es una tentación para la curiosidad filosófica que busca indagar más allá de lo límites establecidos. La búsqueda de la piedra filosofal es ansiedad por querer llegar a adquirir un saber que lleve al pensador a ser como Dios, o inventarse así mismo como Dios. El mito de la serpiente que engañó a Eva haciéndole creer que comiendo del árbol prohibido llegaría a ser como Dios, ilustra perfectamente lo que ocurre en el pensador que intenta llegar a este grado de pensamiento ¿Es la filosofía amor a la sabiduría o un deseo desorbitado por querer saber sin amar nada? Esto es lo que yo encuentro peligroso, el no tener claro hasta dónde está el límite del saber, si es que tiene límites. El deseo por la totalidad del saber provoca una transformación hacia un "super" hombre, y se corre el riesgo de dejar de ser hombre.
Pero la actitud de otros no se conforma con lo que es común, y se salen de lo contemplativo para aventurarse en su pensamiento (razón) y proponer otras formas de explicar las cosas. Y es aquí donde veo que el trabajo del filósofo se torna peligroso. Ya no acepta lo dado (revelado en comunidad) sino lo cuestiona; reprueba la fe y califica a éstas personas que han quedado en este nivel de contemplación como fanáticas o gente que no piensa. El no ser libre pensador no quiere decir que no hay pensamiento; lo hay, pero se piensa sin el erotismo de querer saber más.
El filosofar puede convertirse en una forma solitaria e individualista que aísla ala persona de los objetos reales, y que a su vez, ha renunciado a contemplar. Esto es lo abismal cuando el pensar es un fin en sí mismo; cuando el ejercicio es pensar sobre pensar sin actuar. tal vez por esto Hannah Arendt prefería catalogarse como política, más que como filósofa. Lo recomendable es que se filosofe sin separarse de lo contemplativo o, al menos, después de filosofar, volver a poner los pies sobre la tierra, y verter en un lenguaje más natural y universal--por ejemplo con poesía--todo aquello que el filósofo ve de manera abstracta.
Dice la ley judía: Las cosas secretas pertenecen a Dios, más las reveladas son para nosotros. Esto quiere decir que hay cosas que ni siquiera sabemos que existen, y que por lo tanto ignoramos. Esto es una tentación para la curiosidad filosófica que busca indagar más allá de lo límites establecidos. La búsqueda de la piedra filosofal es ansiedad por querer llegar a adquirir un saber que lleve al pensador a ser como Dios, o inventarse así mismo como Dios. El mito de la serpiente que engañó a Eva haciéndole creer que comiendo del árbol prohibido llegaría a ser como Dios, ilustra perfectamente lo que ocurre en el pensador que intenta llegar a este grado de pensamiento ¿Es la filosofía amor a la sabiduría o un deseo desorbitado por querer saber sin amar nada? Esto es lo que yo encuentro peligroso, el no tener claro hasta dónde está el límite del saber, si es que tiene límites. El deseo por la totalidad del saber provoca una transformación hacia un "super" hombre, y se corre el riesgo de dejar de ser hombre.