jueves, 19 de septiembre de 2019

EL FIN DE LA HISTORIA

EL FIN DE LA HISTORIA


En aquel tiempo tal vez en el de la escuela rural, se tenía una imagen del maestro de mucho respeto; algunos lo llegaron a considerar como un segundo padre. No sabemos si todos los maestros tenían una preparación especializada, pero lo que se percibe en estos recuerdos nostálgicos; es que eran apasionados por su trabajo. Enseñaban geometría, geografía, civismo, historia y otras materias más con contenidos que eran vivencias de acontecimientos frescos en los que, inclusive, los maestros habían sido protagonistas. Al paso del tiempo, tal vez por la especialización o profecionalización de la educación, el discurso didáctico se hizo abstracto y pragmático; se ha perdido la veracidad de lo que se enseña. Se distorsionó la ética en la enseñanza. Es lamentable que a estas alturas se desenmascaren las mentiras de la historia que un día mantuvieron a todo una comunidad de estudiantes inspirados por los actos heroicos de quienes ahora se duda de su existencia, o simplemente se afirma que tal hecho patriótico no existió como tal. 

¿Por qué se quiere acabar con la historia? No se quiere corregir la historia, sino se quiere acabar con ella. Se vive un momento que carece de historia; es decir, para algunos está marcando el inicio de algo inédito; y por esto, se proclama el fin de la historia, aunque no el fin de la humanidad que es la que se supone que hace la historia. La nueva era que se caracteriza por el fin de los fundamentalismos en realidad es la descentralización del poder de las instituciones que representan estos fundamentalismos, y no su exterminio. A lo que nos estamos aventurando es a la hechura de una nueva historia; que deja de mirar el pasado para ya no tenerlo en cuenta, aunque allí esté. Y se proyecta con toda su fuerza hacia la construcción futurista de los acontecimientos. El fin de la historia llega con el advenimiento de la profecía que augura la continuación de la raza humana abismada en un vacío y con una enorme tensión de incertidumbre. La historia como ciencia ha perdido fuerza como otras ciencias más; es necesario deshacerse de los datos que son sólo aproximación y poner toda la atención en los ritos del pasado; que son los que, de otra manera han escrito la historia sin inventar, ni añadir ni quitar. Hay una historia no teorizada que no se puede negar; que subsistirá a pesar de las imágenes futuristas. Para que haya historia de verdad debe haber un propósito que se cumple de generación en generación. Como mundo no tenemos una historia universal que se imponga a las historias de cada uno; pero la verdadera historia está compuesta  de un propósito que abarca a todas las historias no narradas, sino vividas.

El fin de la historia no es nada catastrófico; más bien es un acontecimiento que revela la verdadera historia, esa que muchos ignoran, que desconocen porque les contaron otras historias. Ya basta de historias; es lógico que lo que no se sustenta en la verdad, llegue el momento en que se derrumbe todo su edificio. Lo que se derrumba es la falsedad que tratará de emerger con otra cortina de humo. Pero venida la luz las tinieblas se disipan. 

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