JUAN 1:14
Lo que fue, ya es, lo que será, ya ha sido, lo eterno repara todo a su tiempo. El extraño modo de medir el tiempo con objetos mecánicos con precisión atómica, no coincide con el atardecer y la mañana de un día. A su tiempo la palabra eterna vino, como lo expresan los profetas: vino a mi palabra del Señor; y vino para asentar sus pies en esta tierra, que por la gracia del verbo esto fue posible. Se calmaron y disminuyeron las aguas del juicio divino, para dejar ver la gloria del unigénito del padre. Se hizo hombre. La palabra condescendió encarnandose, para conocer todo lo que a los hombres les asombra y les espanta. Aprendió todo siendo ejemplar en su obediencia; dejó el ejemplo que encarna toda su enseñanza. Poseyó cuerpo, alma y espíritu humano para cumplir toda la justicia. No es un hombre más, un judío más. Es el Hombre que en su naturaleza es la Palabra, que es la luz de los hombres desde el principio. Todo fue hecho por él, y sin él, nada de lo que ha sido hecho fue hecho. En su encarnación participó de su obra; y con este acto, la creación estuvo a la altura de su creador. Grande es este misterio que para poner la creación a la altura de su creador, el creador se haya puesto a la altura de los hombres débiles. La palabra ya vino y habitó entre nosotros; y lo que vimos, y oímos, y palpamos con nuestras manos tocante al verbo de vida, esto testificamos para que tengamos en común, lo que el Espíritu inspira para dar a conocer lo que es de él.
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