martes, 17 de noviembre de 2020

LA ESENCIA

 LA ESENCIA

Me olvido del nombre de las personas, y desde luego vuelvo a recordarlos. Lo que recuerdo es su esencia, su personalidad,  carácter. Hay esencias diferentes que se recuerdan con el mismo nombre. No son los nombres de las personas las que les  dan la personalidad, sino la esencia de cada una de ellas las que las distinguen de otras personas que tienen el mismo homónimo. Así que valoro aquellos nombres de cosas o personas, que independientemente de la estética fonética que tengan, coinciden con la descripción vital de quien se nombra. Pero surge un problema ¿será que el nombre sea una descripción precisa y exacta del objeto que se nombra? o ¿es un símbolo simplemente que representa a aquello que se nombra? Me parece que es un símbolo cuyo concepto no se define en el instante, sino en la reflexión del nombre. Al pasar una flor para olerla, el concepto de la flor no está en el nombre simplemente, sino en en la fragancia perfumada que queda impregnada en la memoria, y que a cada momento nos recuerda, de forma precisa y exacta su nombre. Como diría el principito, aunque haya muchas flores, yo distinguiría a la mía entre todas ellas. Aunque todas sean flores y lleven el mismo nombre, las esencias son diferentes.

Se filosofa sobre los conceptos con la intención de definir su esencia. Es muy difícil esta separación, porque cuando se buscan las características esenciales de cada cosa, cada una de ellas coincide con la de otras cosas. Parece que al tener las mismas características fueran todas las cosas iguales; sin embargo, esencialmente una gota de agua se diferencia de otra. Todo es la mima cosa, pero esencialmente se distinguen. Lo importante es saber nombrar a cada cosa. Tarea nada fácil para Adán, pero que sin duda alguna lo hizo con tanta sabiduría que al exclamar: que no había nada idóneo para él; no había una cosa genéricamente con su misma esencia. Al nombrar a Eva, nombró su propia esencia. La esencia no puede ser algo ajeno a nosotros mismos. Decimos que es la esencia de las cosas porque estamos nombrando algo que sale desde nuestras entrañas. No es un concepto derivado de raíces etimológicas, sino derivado de la esencia humana y universal donde todo es lo mismo pero al nombrar algo, aflora un ser que nos evoca el nombre que hemos de poner. 

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