CASA ABIERTA AL TIEMPO
Definir lo que es el tiempo ya sea en conceptos físicos o metafísicos no nos ha dejado satisfechos; es decir, seguimos filosofando sobre lo que es el tiempo. Hay cosas que se han dicho acerca del tiempo que son muy interesantes; matices diversos de lo que percibimos y entendemos de nuestra temporalidad propia. Pero de dónde surge ese interés por concretizar lo que es el tiempo; me parece que es una necesidad de comprendernos a nosotros mismos. Definir el tiempo como una cosa aislada es imposible; el tiempo como abstracción de las relaciones personales y objetivas no tienen sentido. Es necesario comprender las relaciones personales en función del tiempo para entender el tiempo mismo; porque lo que vale es el encuentro personal, que se define a su vez, como el tiempo que dura el encuentro. El tiempo no es la medición de movimientos objetivos, sino la contemplación de lo que se transmite en el dialogo con el otro. Los objetos nos hacen ver los lapsos de tiempo en función del movimiento o desplazamiento; pero esto es una conceptualización mecánica del tiempo. El ser humano es una casa al tiempo, que en su hospitalidad alberga no sólo a las personas, sino al tiempo mismo.
Pasado, presente y futuro; tres palabras que nos hablan de la complejidad del tiempo. ¿Hay tres tiempos o hay uno sólo? La cuestión podemos llevarla a preguntarnos sobre la temporalidad de estos tiempos ¿Cuánto dura el pasado? ¿El pasado va aumentando a medida que vamos viviendo y haciendo historia?; ¿El presente es medible? En un abrir y cerrar de ojos todo que da en el pasado; ¿Qué sentido tiene hablar del futuro; de un tiempo que no existe?; Cuando lleguemos al futuro ¿Quedaremos en el presente o retornaremos al pasado? Estas y muchas más preguntas que podemos hacer manifiestan una complejidad que sólo puede ser dilucidada a medida que comprendamos el toque tangencial con lo eterno, que nos da la esperanza de trascender en el tiempo y más allá de él.
La generación de los millennials se caracteriza por la pérdida de la esperanza de un futuro mejor; y con esto, deja de pensar en el tiempo como futuro, para hundirse en la nostalgia de un tiempo pasado. Un pasado que ignora pero que anhela, no como lo que fue, sino como lo imagina. Ya no trata de inventar algo futurista, sino de volver al pasado de forma inventativa.
Seguimos siendo una casa abierta al tiempo; nos movemos en una temporalidad sin comprenderla en su totalidad. La nostalgia es un sentimiento que indica que nos seguimos moviendo en el pasado, no en el sentido histórico y anacronista; sino en el sentido más amplio de la temporalidad. Anhelamos lo eterno, y ésto no ha quedado en el pasado; sino en la separación con los otros. Necesitamos el dialogo con con el otro; con el Ser, no para definir el tiempo, sino para resolver el problema que ahora nos plantea.
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