FILOSOFÍA SIN PALABRAS
Encontré por casualidad a una persona sorda y que no hablaba. La observé como se comunicaba a través de señas; sin ningún aprendizaje de señas especializado él puede darse a entender. Es sorprendente ver que la gente nos podemos comunicar sin pronunciar una sola palabra. Esto es muestra de la complejidad humana, y de la complejidad de la palabra misma. Si no hay palabra hablada, sí existe palabra en el pensamiento.
Este hombre aprende sin conceptualizar; es una excelente persona. No va a la iglesia como los demás miembros de su familia; porque no escucha ni entiende nada, pero tiene una espiritualidad que muchos de los que van a la iglesia ya la quisieran. No tiene vicios y es muy cumplido en su trabajo. Si pudiéramos interpretar sus pensamientos, tal vez nos sorprenderíamos al darnos cuenta, de que son otros los descapacitados.
Puede faltar uno o todos los sentidos, pero se sigue siendo hombre pensante. La humanidad ha quedado sorda, muda y ciega, si acaso palpa. Dios no está lejos de los necesitados; pero sí lo está de los que quieren morir con su incapacidad. Hay filosofías que en vez de abrir los ojos los saca; conocimientos que hacen enmudecer. Necesitamos pensar no sólo con la razón sino con el corazón; para que no nos valgamos de los modelos artificiales del pensamiento de la razón que con su conceptualización cierran los oídos, y no permiten escuchar. Es necesario cerrar nuestros sentidos a los formatos carentes de efectividad, para abrirlos en la interioridad del verdadero dialogo.
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