EL INFANTILISMO DE LA NAVIDAD
Hoy es Navidad. Por decreto de las tradiciones hoy es un día de alegría; tal vez no por la esencia de lo que se celebra, sino porque todos consumen y se exceden. Como siempre el exceso y el consumo para satisfacer las necesidades inventadas, son el distintivo de las fiestas, y de la Navidad. Pero algo tiene la Navidad que tal vez la distinga de las demás fiestas o, quizás todas las fiestas sean igual. En Navidad todo es fantasía; el mundo se volca en un infantilismo. Los niños pierden su inocencia por creer en la mentira que las personas adultas promueven. Entre el infantilismo de los rituales religiosos, de los jueguetes de los niños, y los vicios de los adultos, queda en el olvido el personaje de quien se supone se festeja su nacimiento. Todos quedan sin saber a que vino al mundo Jesús, y hacen todo lo contrario. La navidad es una de las fiestas donde más violencia y alcohol corre. Éste no pudo ser el propósito de Dios; pero sí el propósito de la Navidad. La fiesta navideña es un festejo al infantilismo con luces por todos los lugares y por todos los medios. Ojalá y todos se hicieran como niños para recibir el reino de los cielos, tal como lo enseñó el niño Jesús que creció en gracia para con Dios, y para con los hombres, y enseñó la humildad con la cual el mundo se enriqueció.
Muchos festejan la Navidad y están en contra de la concepción; están a favor del aborto; son feministas; y tienen ideologías contrarias a las que dejó el Rey de los Judíos. Esto es paradójico, porque no se sabe lo que en realidad se está festejando. En Navidad el mundo llena la medida de un infantilismo que nada tiene de espiritual.
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