Año Cero
La historia se maneja por fechas en que, el antes y después, está marcado por la era cristiana. Hoy la humanidad se puede sentir demasiado avanzada por el hecho de estar viviendo en el siglo XXI. Pero muchos quedaron decepcionados por el cristianismo; el reino de los cielos ha quedado como la gran utopía. Y cuando la iglesia llegó a ser como sal que pierde su sabor, la luz de la razón aprovechó, y comenzó a salir de lo cíclico del tiempo, y tomó una linealidad que la separó de la idea de Dios, y cada vez más, se distanció; por lo cual, no halla el sentido de continuar con una era, que sólo avanza en el conteo, pero ha quedado descontextualizada. Al hablar de una era nueva, no se trata de regresar a Dios sino de un nuevo conteo que no da esperanza, y que podría ser un conteo regresivo para la humanidad. Ya se comenzó el conteo de una nueva etapa sin la regeneración del mundo, que sería el verdadero comienzo de algo nuevo. Se continuó con la condición deplorable del mundo; y se piensa que con sólo borrar de la memoria el pasado, se puede dar origen a algo nuevo. Se habla de un nuevo orden, pero en realidad, es algo que se ha salido del orden y sigue su propia ley termodinámica. El comienzo no ha sido la nada, como en la creación, sino el vacío; se comenzó con la pura interacción de las partículas, las cuales dan origen a las cosas más complejas. Hoy se han inventado tecnologías que desplazan y esclavizan al hombre. Este nuevo comienzo carece del soplo del creador; no tiene vida, sino un activismo dominado por un espíritu ajeno. El año cero no es un nuevo conteo, sino la inconsciencia de que se existe en el vacío.
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