Nombrando al mundo
"Nombrando al Mundo" es el titulo de un libro que hace tiempo encontré, cuya temática pedagógica propone la enseñanza de la escritura a partir del nombre propio de cada niño. La autora da referencia al relato bíblico, en el que, el primer hombre tuvo la tarea y el potencial para nombrar todas las cosas.
Esto de nombrar al mundo es como si el hombre también creara, no divinamente, pero sí, redescubriendo al mundo a través de las palabras; su mundo que es su casa. Esto es lo que intento ahora: nombrar mi universo; porque cada uno tiene el suyo, o mas bien pienso yo, cada quien lo nombra como quiere. La modernidad renombró las cosas que tradicionalmente ya habían sido nombradas; las despojó de su vestimenta original y las mostró al desnudo, rebasando los limites de la descripción verdadera. La posmodernidad no sé si quiera nombrar nuevamente al mundo o recuperar la descripción original de éste. No es el método de la lingüística, ni el de la etimología de las palabras lo que da el verdadero significado a las cosas. Cuando se renombra artificialmente se contradicen los nombres con la esencia de las cosas. Los nombres de los continentes, de las ciudades, de las calles, y de las personas en un mundo globalizado, confunden los géneros y hacen que se extingan muchas otras cosas, que por falta de ser nombradas se olvidan, quedando en el desconocimiento. No importa la lengua o el idioma, lo importante y vital es nombrar las cosas, creandolas, trayendolas a la conciencia a través de la evocación. Se trata de nombrar correctamente para recuperar el poder de la palabra creadora. La crisis de la literatura y las artes es producto artificial que ya no nombra las cosas sino las representa. Este es el problema de hoy, que lo que se nombra son puras representaciones, y se ha dejado de nombrar la realidad. Es necesario decir las cosas como son para darnos cuenta de nuestra singularidad; pues tenemos la tarea de nombrar las cosas, pero es otro el que nos debe nombrarnos a nosotros. Cuando el hombre ha intentado darse nombre así mismo, es muestra de su orgullo que se levanta como una torre de babel, en donde en la cúspide quiere ver su nombre propio inventado. Hay que dar nombre a todas las cosas que están en nuestro entorno y que vienen a nosotros para poder ser; hay que llamar al otro por su nombre, si usamos un apodo debe ser también en esencia un nombre; un sobre nombre que afirme y enriquezca el nombre propio.
Siento que alguien me puso nombre nuevo, y esto me hace sentirme original, con el poder describir con la palabra vivencial, oral y escrita, mí mundo y el mundo de todos, que cada quién nombra en su propia vivencia.
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