sábado, 18 de abril de 2020

El ROPAJE DEL ALMA


UN ENCUENTRO AL DESNUDO

La ropa es el invento tal vez más antiguo, producto de la primera necesidad humana, a saber, la ausencia de Dios. La desnudez es la causa primera de la pérdida del paraíso donde se podía estar desnudo y no sentir vergüenza. Cuando el hombre se cubrió de hojas quiso cubrir su cuerpo, sin saber que lo que estaba desnuda era su alma. Hoy día no es diferente; las personas buscan vestirse no meramente por la necesidad de cubrirse, sino se visten por vanidad. Gran pobreza se ve en las calles donde transitan los mendigos con sus ropas sucias y desgarradas, que contrastan con los ropas de galas de las altas sociedades. Grande fue la enseñanza del nazareno de Galilea; quién dijo: no os preocupéis de qué es lo que has de vestir. Jesucristo utilizó la parábola de las flores, las cuales tienen una vestimenta natural, que Salomón con toda su riqueza jamás se pudo vestir como una de ellas. Es necesario preocuparnos por la ropa del alma que es el cuerpo; y por el cuerpo que  a la vez, es un templo que reviste el alma. Al querer seguir vistiendo los cuerpos, las almas viven al intemperie de los climas más violentos. El hombre no nació con pelaje ni plumaje como algunos de los animales. El hombre nació desnudo; tal como lo describe el patriarca Job: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Lo que hemos perdido es la vestimenta del alma-el cuerpo no necesita disfraz alguno-y, reconociendo tal fragilidad, estamos en la necesidad de oír la voz interna, no del ego, sino la voz que se vistió de humanidad, para cubrir nuestra desnudes y vergüenza.

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