EL MUSEO
Este espacio silencioso que guarda objetos valiosos de diversa índole para diferentes públicos, es de un atractivo mágico; porque nos traslada a otros espacios físicos y de pensamiento. Pueden ser gente especializada o niños los que visitan un museo; dependiendo de lo que se exponga es el tipo de personas que concurren.
Pero hay un tipo de museo que en lo personal llama mucho mi atención; y es el museo que exhibe objetos del pasado. Desde niño sin saber de la historia de una manera especializada o erudita, recuerdo que el tener un contacto visual con aquellos objetos me causaba una experiencia como cuando mi padre me contaba alguna historia. Me trasladaba hacia un espacio único; porque ese espacio sólo yo lo imaginaba. Era mi espacio, era mi historia o, mi propia versión de la historia que en mi imaginación se volvía a reconstruir. Hasta el día de hoy me gustan los museos; aunque la verdad, mi forma de percibir las cosas que en ellos se guardan ha cambiado. Me siguen gustando los museos que presentan cosas del pasado; pero me doy cuenta que el recinto son salas modernas. Las cosas del pasado contrastan con el lugar que las acoge. Los objetos han quedado desgajados de su entorno y tiempo original. Por eso ahora el museo lo percibo como el lugar de las cosas petrificadas. Son cosas que se exhiben de manera fría; como los dioses de los pueblos enemigos que eran vencidos, y que venían a quedar en los templos de los vencedores para ser exhibidos. ¿será que lo que se exhibe en la modernidad es nada menos que la derrota de los pueblos ahora sometidos?
Pero hay un consuelo ante todo esto. Después de todo las cosas del pasado no se exterminan, continúan en el presente exhibiéndose como trofeos culturales. Siguen teniendo influencia en el arte y la tecnología de hoy. Si la diferencia es, la sofisticación de los objetos de hoy, la forma sigue siendo la misma.
Pero hay un tipo de museo que en lo personal llama mucho mi atención; y es el museo que exhibe objetos del pasado. Desde niño sin saber de la historia de una manera especializada o erudita, recuerdo que el tener un contacto visual con aquellos objetos me causaba una experiencia como cuando mi padre me contaba alguna historia. Me trasladaba hacia un espacio único; porque ese espacio sólo yo lo imaginaba. Era mi espacio, era mi historia o, mi propia versión de la historia que en mi imaginación se volvía a reconstruir. Hasta el día de hoy me gustan los museos; aunque la verdad, mi forma de percibir las cosas que en ellos se guardan ha cambiado. Me siguen gustando los museos que presentan cosas del pasado; pero me doy cuenta que el recinto son salas modernas. Las cosas del pasado contrastan con el lugar que las acoge. Los objetos han quedado desgajados de su entorno y tiempo original. Por eso ahora el museo lo percibo como el lugar de las cosas petrificadas. Son cosas que se exhiben de manera fría; como los dioses de los pueblos enemigos que eran vencidos, y que venían a quedar en los templos de los vencedores para ser exhibidos. ¿será que lo que se exhibe en la modernidad es nada menos que la derrota de los pueblos ahora sometidos?
Pero hay un consuelo ante todo esto. Después de todo las cosas del pasado no se exterminan, continúan en el presente exhibiéndose como trofeos culturales. Siguen teniendo influencia en el arte y la tecnología de hoy. Si la diferencia es, la sofisticación de los objetos de hoy, la forma sigue siendo la misma.
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