jueves, 21 de noviembre de 2019

EL TRATADO DE LA VIDQA


EL TRATADO DE LA VIDA


Hay una dualidad en la vida y la muerte; se muere para dar vida y se vive para morir. 

Dice un proverbio del Eclesiastés: mejor es la buena fama que el buen ungüento; y mejor el día de la muerte que el día del nacimiento.

No se trata de dar argumentos tanatológicos; porque no queremos resignarnos a la muerte. No hay consuelo en la pérdida de la vida sino en el dar la vida. 

La muerte no tiene sentido sin la esperanza de volver a vivir. 

La esperanza de la resurrección es la clave más atinada de todas las creencias en cuanto a la trascendencia. No hay forma de dejar de existir; no somos plantas o animales que dejan de ser y nada mas. 

Es el sacrificio del mismo Dios, y no el de los hombres y el de los animales el que nos da la vida. Dios al dar a su Hijo Unigénito dio la vida por el mundo. Sólo un ser divino puede enseñar a vivir con el propósito de morir; de dar su vida para dar vida a los demás. Sólo un ser divino pudo vivir sin el perfume del mundo, porque el aroma de su persona es la fragancia que da vida. De qué sirve al hombre su buena educación, su grande fama, y toda su riqueza, si por dentro es una podredumbre que tiene que disimular con algún ungüento caro. Hay gente pobre que vive en un muladar pero que en su corazón tiene el perfume de la gratitud. Hay gente que no vive en semejante muladar, ni en un basurero, pero los tales son una basura, que cuando mueren tienen que recibir los homenajes y honores para seguir con la careta de su hipocresía. Muertos honrando muertos. Gente que no sabe vivir ni para quién vivir, es gente que está muerta en existencia. Mejor es el día de la muerte, porque no es el triunfo de ésta, sino su derrota. cuando se sabe vivir se sabe morir; y ya no hay necesidad de darle una explicación a la muerte, porque la vida le ha dado el sentido de redención que nos da esperanza.

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