La tentación de conocer, qué hay más allá del horizonte, es la razón por la que muchos tendieron a la aventura. El viaje para conocer nuevos lugares ha sido arriesgado y costoso en algunos casos; en otros ha sido la necesidad, o el espíritu de conquista la que los llevó a la hazaña. Dudo de los viajes individuales. Las caravanas son indispensables para los viajeros; el viaje es una vida comunitaria en movimiento. Todos lo pueblos antiguos han dejado información de su llegada a ciertos lugares, en donde fundaron posteriormente las grandes ciudades. Los viajes de la antigüedad y los asentamientos de los viajeros, vinieron a dar una visión sobre los futuros viajes. Una vez cristalizada la vida sedentaria del viajero y con la ayuda de los grandes inventos y la tecnología, le ha dado al viajero moderno por explorar lugares que ya no corresponden a la naturaleza. La llegada del hombre a la luna es un paso tan agigantado, que nos hace pensar que fue necesario sólo un paso, para llegar a tan lejano lugar. El espíritu de conquista hace que los esfuerzos sean más grandes, para llegar inclusive a otros planetas; aunque tal avance no implique ningún progreso para el viajero.
El errante y el peregrino son viajeros y compañeros con destinos diferentes. El errante sabe que viaja sin dirección alguna; la pérdida de sentido le hace viajar fastidiosamente hasta que mejor decide parar en el lugar más agradable a sus sentidos perdidos, dejando de pensar en la tierra prometida, construye la suya propia. Nunca está a gusto; se planta en el lugar de lujo que construyó, pero le parece insoportable, y decide viajar por todo el mundo, no para conocer otro lugar, sino para jactarse de recorrer todos los lugares idénticos al lugar artificial de donde salió. El errante viaja por lo tóxico de los espacios artificiales, nada le satisface como para quedar en alguno de ellos definitivamente. Entre más turistee se ve el avance paupérrimo del errante viajero. El peregrino progresa en la aventura que se va tejiendo en cada camino que transita, hasta en aquellos en los que se equivoca y sufre las consecuencias. El viajero peregrino no tiene en mente regresar al lugar de donde salió, y tampoco quiere quedar anclado en ninguna comunidad carnavelesca. El viajero siempre se siente extranjero en cualquier lugar a donde llega, y tiene siempre en mente continuar su camino. Es la muerte la que anuncia a cada rato, que en esta vida todos son viajeros, errantes o peregrinos, pero al fin y al cabo, viajeros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario