Miguel de Unamuno mostró en carne viva el doloroso debate entre la fe y la razón, y puso en su lugar a la religión y a la filosofía, como si fueran médicos nulos, que en vez de dar una solución, han intensificado más el dolor. Libre de la sistematización, el pensamiento tiene poder para aclarar el mismo pensamiento, quitando las tinieblas que impiden el pensar bien, sin dialécticas que no satisfacen al alma que fue hecha para la inmortalidad. Unamuno razonó en la inmortalidad,no sólo para el que es famoso, sino para todos los hombres, porque todos la desean.
Incapaces de encontrar el secreto que los haga permanecer vivos, la mayoría de las culturas se ha conformado en hacer trascender a los muertos, muertos; como si el simple recuerdo humano les diera vida; como si los muertos tuvieran conciencia de que viven en el corazón de quienes los veneran. Y esto es acorde a la razón, porque la razón no es vida sino muerte. Se puede hacer inmortal a un famoso que ha muerto a través de los homenajes. La mayoría de los famosos buscan trascender y ser inmortales con su muerte. Aveces cuando continúan vivos su fama disminuye. Les conviene que mueran en la cúspide de la fama, para que los vivos se enriquezcan con los honores que hagan a los muertos famosos, y los inmortalicen.
El famoso aceptó la inmortalidad con la condición, de que esta inmortalidad no se la dieran cuando muriera. Si hay inmortalidad ésta debe ser un estado corporal viviente.
El libro de Job describe la inmortalidad que es en contra de la razón: Yo sé que mi redentor vive, y aún después de desecha mi carne, yo he de ver a mi redentor". La inmortalidad es algo que la misma razón no puede comprender, pero el alma la puede vivir.
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