La humildad se ha confundido algunas veces con la pobreza, y no son lo mismo, pero tal vez la humildad se sienta más cómoda en la pobreza que en la opulencia. Hay gente que vive o acaba en la pobreza y nunca mostró un gesto de humildad.
Es difícil sobresalir y ser humilde, porque la fama requiere ser vanidoso. Y esto es lo que se combina en la persona de Jorge Luis Borges y que lo hace un mito, y no un escritor famoso. Hay muchos escritores de mucha fama, pero pocos son con la humildad verdadera que caracterizó las cátedras del escritor argentino.
Algunos juzgan de ignorancia su humildad; y si esto fuera así, de verdad que sería una habilidad asombrosa; pues ¿cómo ser ignorante y hacerse pasar por un importante escritor de literatura universal? Cuando no se aceptan las lisonjas de la vanagloria, pronto vienen las criticas en contra.
Borges lo dijo claro: "No me jacto de lo que escribo, sino de los libros que he leído". En esto radica su humildad; en no centrarse, en él mismo como escritor, sino en los escritores que él tuvo la oportunidad de descubrir con nuevos ojos. A pesar de perder la vista, no se sintió derrotado ni desgraciado. Todo lo contrario; Borges tuvo la fuerza de un Sansón humilde que imploró a Dios sin intermediarios eclesiásticos de ninguna índole, y sin ninguna forma teológica, para no odiar a los injustos que hicieron burla y escarnio de él.
Borges es el escritor que no subió los peldaños que dan los premios nobel, pero por su humildad, otros se tomaron de él y se siguen tomando, para subir ellos.
A Borges no le gustó hablar de política; pues al verdadero escritor, sólo le interesa la poesía. Ninguna forma artificial de la escritura tiene la belleza humilde de la escritura de Jorge Luis Borges.
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