El problema de quienes intentan describir la realidad, es que se esfuerzan por conceptualizar cosas, que por su naturaleza espiritual, sobrepasan a la capacidad humana de poder definirías. No está mal definir algo, siempre y cuando se entienda que tal definición es una acotación de algo que no estamos mencionando en su totalidad. Toda definición es un reduccionismo del amor, Dios, belleza, poder, palabra, hombre, mujer, niño, naturaleza, armonía, ciencia, virtud; y en sí, todo lo que se diga o se escriba, son sólo palabras a las que hay que quitarles el velo que esconde su magnificencia, y así hallar lo que es innombrable.
Lo innombrable queda sin palabras y con una grafía que nadie se atreve a pronunciar. La evocación de lo innombrable surge en el interior del alma; sin poderse nombrar, pero si hablar y escribir de manera repetitiva e ininterrumpidamente, sin agotar el movimiento revelador inagotable y eterno.
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