Existe una enfermedad rara porque afecta lo biológico y la conciencia. El Alzheimer es un daño neuronal que hasta ahora podemos comprender a la luz de los especialistas. Me parece muy difícil una situación donde se olvide lo que no debiera olvidarse. Pero existe tal vez una cura para cualquier clase de demencia; suena sorprendente; hay un relato bíblico de un hombre endemoniado (demente) que tuvo un encuentro con Jesús, y después de este encuentro, la gente lo vio en su cabal juicio con la capacidad de hablarles en casa, de las cosas grandes que le habían sucedido.
Hay éxtasis que han llevado a la locura, o a no poder olvidar. Hay quienes enferman porque no han podido olvidar. No hay manera de olvidar lo que está en la conciencia; el malestar y el dolor en sí, no es el olvido sino el no poder olvidar. Dios recuerda y no se olvida, y nos hace recordar aquello que olvidamos al nacer. Cuando leo el libro no aprendo nada; mi placer es recordar lo que antes ha sido escrito en mi conciencia. La agenda es el instrumento del tiempo; la biblia es el instrumento de la eternidad. Hay cosas escritas desde la eternidad que no puedo olvidar; el día y la hora no lo sé, todo es tan repentino como un abrir y cerrar de ojos, que nada queda escrito en la agenda humana; esto queda en la agenda divina. El olvidar es de humanos; el recordar es cosa divina. Por esto digo que es la conciencia la que nos libra de la demencia y del olvido. No importa que ya sea demasiado tarde, las cosas suelen recordarse fuera de tiempo. Dios nunca llega tarde, a pesar de que llegue fuera de tiempo. A su tiempo, recuerdo, Cristo nació, y murió por nosotros. El mal está en querer olvidar lo que no se puede olvidar; la medicina está en recordar y no querer olvidar.
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