miércoles, 10 de febrero de 2021

LA CIUDAD DE LOS MUDOS

 La ciudad de México se ha caracterizado por tener entre sus ciudadanos gente invidente, que tienen sus propias formas para poderse desenvolver en la complejidad que hay en el centro de México. Pero en el tiempo de la posmodernidad me sorprende ver una masa de gente muda, que a pesar de que tiene sus sentidos completos, los está dejando de utilizar; sus sentidos están mediados por aparatos o por señales. Tienen que ver un aparato para saber su ubicación; es más certera y fácil, a que si le preguntara a cualquier transeúnte. Lo más probable es que otra persona no sepa tampoco la ubicación o esté equivocada en la en la ubicación que piensa estar. Es como si la gente estuviera ciega, muda y sorda.

La sociedad que ha perdido la vitalidad de sus sentidos se convierte en una masa de gente que ha perdido el habla. Los aparatos cumplen pragmáticamente con una función que deja sin comunicación humana, y todo se reduce a una visión de ciegos; de luces, colores, símbolos, marcas, todo un tatuaje en la piel de una sociedad posmoderna, que es incapaz de hablar, y en su locura intenta gritar desesperadamente en el vacío de las redes tecnológicas.

 La ilustración  quiso concatenar el lenguaje en un diccionario, ignorando o no tomando en cuenta que el lenguaje no es unívoco. La mudez se da por falta no de conceptos, sino por falta del enriquecimiento del lenguaje con el sentimiento humano. Octavio paz explica, hablando del mexicano, cuanta gente dice tantas cosas utilizando una sola palabra. De nada sirvió inventar palabras de manera tan científica que sólo entienden los ilustrados pero la mayoría quedaba muda al no comprenderlos. Pero ahora ni el diccionario vale para un niño que intenta saber el significado de algo. Todo les parece incomprensible a las nuevas generaciones, para quienes lo más fácil es utilizar el buscador tecnológico, y mismo desde una plataforma conectarse e interactuar, pensando que están hablando, sin saber realmente que  han perdido su capacidad de hablar.

El sonido más maravilloso del ser humano se está perdiendo; se reconocen otros sonidos tecnológicos, pero la gente ya no se comprende una con otra. La nueva torre de babel no trae como consecuencia una confusión de lenguas, sino la pérdida del hablen sí, y esto es la más grave confusión de nuestros tiempos.


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