viernes, 12 de febrero de 2021

EL RITO DE INICIACIÓN

 El viaje de iniciación más antiguo ocurrió en el lugar más pacifico y extasiante. No fue la necesidad del progreso lo que llevó a emprender el viaje, sino el deseo de saber. Querer conocer la verdad es lo que ha llevado a la muerte a todo aquel que se ha iniciado en este viaje. Comer el fruto prohibido causó la muerte, pero también dio el conocimiento; entonces el viaje es llegar a ser como Dios. Y hasta mismo Dios lo expresó: el hombre es como uno de nosotros sabiendo el bien y el mal.

La norma es aprender desligado de la verdad, en esto se encuentra el placer del orgullo, en elegir lo que es verdadero y lo que no lo es. Se aprende a través del error y del fracaso, y aunque doloroso, se prefiere. El dolor o daño no es el viaje en sí, sino el no poder regresar del viaje o no querer regresar. El aterrizaje es violento. Después de esto ya no hay nada más, y el alma se hunde en el infierno que es la pesadilla en la que se transforma el viaje de iniciación. 

El querer saber no es malo; lo que es equivocado es el método que se ha elegido. El fin no justifica los medios; no se puede simbolizar el conocimiento, sabiendo que éste no es el camino que lleva a la verdad. Es demasiado amplio y extasiante y enajenante.

Hay un viaje que hay que iniciar o que ya iniciamos, cuyo rito ha puesto en armonía el orden de todo. Ya no hay regreso y es extasiante. Sería una locura hablar de lo que se ve, no se permite hablar de estas cosas. El rito de iniciación se hizo en el lugar más pacifico y extasiante. No se hizo con un fin de progreso sino de redención.

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