martes, 20 de octubre de 2020

Alma rebelde

 ALMA REBELDE

Hay dos sentidos opuestos cuando se habla de rebeldía. Todo depende de a qué, o a quién se está siendo rebelde. La rebeldía en un sentido moral puede calificarse como malo, como carencia de valores. Sin embargo, se puede hablar de rebeldía a lo que se opone a la tiranía. No pretendo dar una nueva explicación de este concepto, sino más bien, manifiesto que en todos los hombres hay un sentimiento de rebeldía: el niño se rebela a sus tutores o instructores; los jóvenes se rebelan casi a toda autoridad uniformada, por eso hay una tendencia a satisfacerse con la novedad, porque esta rompe con lo uniforme. Las clases sufrientes y desventajadas en determinado momento se alzan para protestar ante las injusticias de la política. Hasta  del cielo se tiene una noción de una rebelión que arrastró a muchos ángeles, que en esta tierra ahora son considerados como demonios por su rebeldía. La historia esta hecha de rebeliones que han tomado formas diversas de lucha, progreso, ciencia, religión, independencias, filosofías, políticas, y toda clase de dialécticas que incitan a pelearse unos contra otros. La rebeldía se confunde con un escape ilusorio que les promete mentirosamente libertad, y causa el efecto contrario. Todos somos rebeldes; hay un sentimiento de inconformidad; nada sacia definitivamente; la rebeldía se suscita una y otra vez, como si estuviésemos condenados al eterno retorno de la rebeldía. Creo en la esperanza y no en el desesperanzador retorno que tiene un principio y fin en el vacío. Creo que hay almas rebeldes que no buscar la libertad sino la sumisión. Son presas de sus convicciones y esperan pacientemente que pase la tempestad que les incita a la desesperación y miedos, que los harían actuar caóticamente; confundir su desesperación y miedo con la rebeldía. La rebeldía auténtica surge del alma que busca retenerse pura. Qué sabe esperar en medio del sufrimiento, y se resiste. Obedece a la autoridad sea cual sea, porque sabe que uno más alto es el que da esa autoridad. La obediencia de llevar una carga dos millas, cuando lo que se pidió es llevarla sólo una milla, es la rebeldía que sale del alma, que protesta contra la injusticia pero, no en la forma del mundo civilizado que se ha construido y sustentado de guerras que se revelan contra la humanidad, como si con esto se pudiera dejar de ser hombres y convertirse en algo mejor. El alma se rebela contra todo lo que
la deforma. En el fondo la fuerza de la naturaleza se vuelve violentamente, no para destrozar su entorno, sino para volverlo a su estado original. Eso es lo que es un alma rebelde: Una fuerza violenta que destruye lo artificial e inventado para dar paso al orden natural; que a su vez, se rebela contra todo lo que se levante contra él. El alma se revela contra los excesos que provocan la locura que no entiende de razones espirituales. Es la rebeldía del alma la que nos ha de librar de la locura y del suicidio; y de los grandes pecados de los que el mundo debería rebelarse; de la avaricia y de la lujuria.

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