jueves, 29 de octubre de 2020

LA ESPERANZA DE LA REDENCIÓN

 LA ESPERANZA DE LA REDENCIÓN

El proyecto no tiene esperanza; ya no hay nada que esperar; todo está en la maqueta, en la proyección matemática que nos hace ver lo ilusorio. Ya no hay nada que esperar cuando ya todo ha sido dado, aunque por lo efímero, lo proyectado lógicamente no promete mucho. Esta forma utilitaria de hacer las cosas y de ver la vida, como si la vida fuera una cosa mecánica, que se puede inventar al antojo de cada uno, ha hecho perder la esperanza de una gran cantidad, que en vez de nombrarlos como hombres, los describo como desesperanzados. El mundo no tiene un propósito de vida o al menos, de existencia. Su proyectismo es una intromisión del hombre que quiere poner la órbita del universo alrededor de sus intereses nefastos. La vida del hombre no es lógica sino contradictoria. Llevar a una masa de personas a la alineación de lo programado, es el peor de los castigos que puede sufrir lo humano. Y es desde este panorama de lo contradictorio que surge desde lo más profundo del alma humana, la esperanza que lo redima.

No hay soluciones fáciles, por eso hay que saber esperar en los momentos de crisis. Cuando hay esperanza no pensamos en el milagro que nos deje todo cómodamente. Los que viven cómodamente ya no quieren nada; piensan que todo lo tienen, y es verdad; dicen no tener necesidad de nada, dicen tenerlo todo, pero les hace falta la paz del que tiene esperanza.

El asunto es comprender  lo contradictorio; que en sí, no es malo, sino es la evidencia de que lo que vivimos no es un invento, sino un propósito de vida que se vive con todas las contradicciones de la vida misma. Esto no es una ficción, sino lo fantástico de la realidad de la esperanza. En el mundo hay quién nos miente, nos violenta, nos utiliza, nos envidia, nos manipula, nos traiciona, y si es posible, hasta nos matan. Esto es paradójico a la lógica de la existencia, pero no contradice al sentimiento de la esperanza, porque la redención es un sacrificio, donde precisamente se da la vida, se muere, pero se resucita. Es la resurrección la que nos da esperanza cuando todo está perdido o muerto.

Estoy en una condición de pensamiento semejante a la de Job. No atribuyo contradicción alguna a Dios a pesar del mal sabor de las cosas que suceden. Siento la necesidad de buscar el trono de Dios para exponer mis argumentos. Seguro estoy que él razonaría conmigo y me vencería; porque a pesar de todos mis males, me diría que hay esperanza. Al llegar a la meta tengo la esperanza de entender mejor, que era necesario pasar semejante contradicción de traición para ver el fruto de mí aflicción. Y hoy estoy muy pensativo, porque cuando llegue esa redención, ya no habrá que esperar nada, ya no habrá esperanza, porque todo se habrá cumplido. Es en el tiempo donde existe la esperanza, y es en la eternidad donde se contempla su cumplimiento.

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