LA VISIÓN DE LOS PERROS
Cuentan la leyenda de un fulano que siempre había vivido haciéndose la pregunta, ¿Qué demonios es lo que ven los perros? se alteraba cada vez que los perros se inquietaban y ladraban aparentemente sin motivo. El fulano siempre los maldecía con insultos, y si podía, los corría a patadas. Pero en una ocación estando ebrio, enloquecido por el alcohol y enojado por los ladridos de los perros, tomó a uno de los perros y le quitó las pestañas y se las puso él, con el fin de ver lo que el perro veía. El hombre quedó más asombrado porque decía, que todas las cosas le parecían más grandes, todo era gigantescamente desproporcionado. Vio cosas que en la normalidad no se ven. Las cosas perdieron su color, y todo lo miraba en blanco y negro. Quedó más confundido de lo que ya estaba. Es verdad; los perros son animales que tienen sus propias cualidades. Perciben muy bien por medio del olfato y el oído, pero no son muy buenos con la vista. Esto es una ventaja, porque cuando se miran en un espejo, no confunden la imagen propia con otro perro, como sucede con otros animales. Pero es el instinto de sus sentidos en conjunto los que le permiten a los perros ser sensibles a cosas que las personas no ven, o más tarde se dan cuenta. En una palabra, la visión de los perros es todo un enigma que se ha pretendido descubrir por medio de los mitos. Hay quienes piensan que cuando un perro mira a una persona comer, esta debe lanzarle un pedazo de tortilla o pan, o espantar al perro; porque dicen que con la mirada le están deseando la muerte a tal persona. Los perros son ánimas que reflejan muchas cosas a través de su mirada. Perciben el miedo, el peligro, la muerte de su amo y su propia muerte. Los ancianos solían decir que a los perros solo les faltaba que hablasen. La verdad es que no fueron hechos para hablar, pero lo que miran lo perciben muy bien, aunque no fueron creados para manifestarlo espiritualmente.
Todo depende de lo que miras y con qué lo miras. Para el fulano no fue lo mismo mirar las cosas con las pestañas del perro. Así también no es lo mismo mirar las cosas con un telescopio o un microscopio. Con estos aparatos el mundo cambia y se ven las cosas más raras y monstruosas que a simple vista no se ven. La contemplación del mundo no es posible a través de las pestañas del perro. Sólo hay que entender la naturaleza de las cosas y lo que ellas nos revelan. Así el ladrido de los perros es univoco, pero lo que ellos ven son muchas cosas que a simple vista no se palpan.
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