martes, 27 de octubre de 2020

PROYECCIONES DEL ALAMA

 PROYECCIONES DEL ALMA

El poeta escribe porque requiere de escribir; ninguna otra razón hay que justifique el talento de escribir como esta. La motivación esencial del escritor es la necesidad de expresar. La escritura es una proyección del alma que tiene en esta, la oportunidad de manifestarse. Esta proyección es una representación fiel de las contradicciones y de lo ilógico del pensamiento de quien escribe. No hay intención alguna de escribir con orden sino como suele suceder en los sueños, donde todo es confuso y sin cronología. Lo importante es como suceden las cosas en el escritor que se proyecta en sus versos y en sus personajes. En cuanto al desenlace no hay nada escrito; el escritor no es un mero contador de historia, ni un inventor apocalíptico que se dedique a dar las claves para interpretar un final al que su ego quiere llegar. De ser así, nadie llegaría a escribir absolutamente nada. Se escribe buscando precisamente un acontecimiento que nosotros mismos ignoramos. Cuando se escribe se ponen en acción muchos saberes; pero ninguno predomina sobre los otros; todos están apoyándose mutuamente, para alcanzar algo que particularmente un solo saber aislado es incapaz de alcanzar. Hay una realidad vivida a la luz del día y en la oscuridad de la noche. La escritura es completa cuando se habla de la totalidad del día. Si no hay este pacto se pierde la esencia del pensamiento que se comunica y se proyecta a través de la tinta y el papel. La escritura es una proyección en forma a veces de pesadilla, que con el ejercicio de escribir se intenta explicar, para después ponerse de rodillas y dar gracias a Dios por la revelación que sabios y adivinos no pudieron comprender. Quien discierne los sueños es el escritor. Lo hace a través de sus proyecciones que no es simple simbología, sino personas que parecieran sin belleza, que hablan la verdad, sin entontecer con cosas vagas. Una proyección es decir la verdad cueste lo que cueste, para despertar del adormecimiento y del exceso de la dulzura falsa de quienes escriben sin decir nada. El terror artificial está hecho para entretener; la verdad que proyecta el escritor, dice lo terrorífico de la experiencia de la vida; por eso el escritor se proyecta y describe esos detalles espantosos que se esconden en esas raras proyecciones que ocurren en la oscuridad del aislamiento de quien escribe. Las proyecciones no son meros objetos, sino personas que tienen vivencias que le permiten preguntarse sobre la razón de lo que sucede. El gran descubrimiento de las proyecciones humanas es que el hombre no es una mera abstracción, sino una proyección universal que tiene la posibilidad, siempre que encuentre el camino verdadero, de llegar a la meta metafísica de tocar el cielo sin perder el suelo, la tierra de donde parten nuestras proyecciones.     

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