viernes, 9 de octubre de 2020

REVELACIÓN Y COMUNICACIÓN

 REVELACIÓN Y COMUNICACIÓN

En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con lo divino, y el Verbo era revelación y comunicación; el Verbo es Dios y, mejor dicho, Dios es el verbo, Dios es comunicación, y al comunicar revela. Dios es el padre y la poesía nuestra lengua paterna. Pues el deber del escritor, decía el poeta Juan José Arreola, es ser; ser desde la palabra. Debe ser ejemplo de revelación y comunicación. Decía Borges; se debe ser ejemplo pero sin intención. La comunicación verdadera es reveladora; y hoy sufrimos por tanta interacción artificial, que lejos de manifestar algo, lo oculta. Tal vez en esto ha consistido las grandes confusiones no de la lengua sino de la comunicación. No es que no entendamos un idioma, pues aun sin conocer una lengua así podríamos comunicarnos y aprender el idioma. Pero lo que pasa es que se usa el lenguaje no para comunicar, sino para confundir. Tenemos una gran torre de babel que se construye con la mala intención de la mentira que desorienta al lector haciéndole comer el fruto prohibido. Lo que consume la mayoría de los jóvenes de nuestros tiempos, no puede llamarse literatura. Necesitamos la revelación que quite la maya y nos redima. Necesitamos urgentemente comunicarnos. La urgencia no es cuestión de tiempo sino de decir la verdad. Es loable comunicar porque se corre el peligro de morir; pero a quien se mata por decir la verdad, es alguién que ha de trascender de manera anónima. La revelación es la manifestación del ser divino, y no de la persona política. En nada nos han servido los aparatos digitales de una tecnología que nos hace interactuar global y sistemáticamente sin realmente comunicarnos. La revelación nos hace ser; la tecnología hace tecnócratas. La revelación esta en la palabra que sale de la inspiración y se exhala de igual forma. Se da en la encarnación con los otros para mostrar la gloria que no se marchita con homenajes y premios que en nada enriquecen a los demás. La revelación de lo que es y de lo que somos es lo que nos proyecta a lo eterno, sin interesarnos de lo temporal y ordenado. La comunicación no es una serie de datos que nos proyecten al futuro. La comunicación no inventa; crea, y al crear revela. Es importante que quienes escriban lo hagan con el humilde propósito de revelar. Los propósitos artificiales y egoístas no tienen ningún sentido, no comunican y, lo que pretenden, queda muy distante de lo que es lo relevante. Comunicar y revelar no es lo mismo que manipular. La revelación nos muestra la imagen sustancial de las cosas, sin hacernos caer en la idolatría. Eso es; el intelectual cae en la idolatría de la falsa comunicación cuando falsea al hablar o al escribir. Cuando deslumbra por su intelecto que inquieta sin revelar nada. El verdadero comunicador se olvida de si mismo y de los problemas que le atañen y que están a su alrededor, para centrarse en la revelación que comunica la vida misma. Es un placer comunicarnos en el plano de lo revelador. Aquí si vale mucho el hablar y , de vez en cuando escribir, lo que es, lo que ha sido y lo que ha de ser.

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