La Comunicación
y
La Pérdida de la Comunión
"La supercarretera de la comunicación": así era como se anunciaba la inauguración de una nueva era. Todos estaban a la expectativa de tan grandiosa novedad. La inexperiencia y la ignorancia lo hizo todo más confuso, y ha resultado lo que muchos expertos habían advertido: la estructura del mundo se convirtió en una red que conectó a todos y los dejó sin comunión. La virtualidad resultó la peor fantasía que desapreció los espacios reales, y los cambió por imágenes que no son producidas por la mente, sino por máquinas que han desplazado a los espacios comunitarios, por los espacios de aislamiento.
Todos están bien informados de lo que pasa en el mundo, pero totalmente incomunicados de lo pasa con los que están a su lado. Todos comparten las redes, pero en la vida ya nada es comunión; cada uno come a la carta, cada uno tiene su modelo, cada quien tiene sus gustos; todos son iguales: todos son individualistas. La falta de comunión es la característica de las comunicaciones de hoy. Todo es mal entendido, confuso, atemorizante y manipulador. Lo que se tiene son aparatos, y todo se reduce a la habilidad de los individuos para usarlos; esto ha ocasionado la pérdida de las habilidades humanas que hacían de la comunión la verdadera comunicación.
La ausencia de los tratos comunitarios ha dejado una masa de gente hipnotizada, que retrocede progresivamente a la época de las cavernas, cuando los hombres no habían inventado la escritura, y tal vez se comunicaban a señas. La diferencia-si es que existió una prehistoria humana-es que aunque no había un desarrollo en el lenguaje y todavía no se inventaba la escritura, sin embargo, había relaciones humanas; había relaciones comunitarias. Lo que se perdió hoy en día con esta prodigiosa forma de comunicarse, son las relaciones interpersonales, en donde se usa la palabra, mirando el rostro del otro.
La falta de comunión ha de llevar a las personas a una crisis de la que podrán salir, buscando esa comunión desde lo más profundo de su interior. Esta interioridad no significa más aislamiento, sino la actitud que ha de restablecer la verdadera comunicación, que no está basada en la tecnología, sino en la creatividad de la palabra y acciones humanas.
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